La chica danesa, una inesperada sorpresa estética

Hemos ido a ver varias de las películas que han sido nominadas en los Óscar de este año, sin embargo hay una en concreto que nos ha cautivado con diferencia. Y queremos compartirlo, ávidos como somos en Toni Seguí en buscar y crear la belleza. A veces, el cine puede ser una gran lugar para inspirarse.

Se trata de la Chica danesa. Sin duda, su temática es potente, pero lo que realmente nos ha llamado la atención en esta ocasión, y que no queremos pasar por alto, ha sido la belleza estética del filme. Cada uno de sus fotogramas destila una delicada belleza que embriaga al espectador. Sutilezas de autor que no pasan por alto. Cada escena es en sí misma una obra de arte en el que se nota que se han cuidado los detalles, no hay que ser muy experto en el séptimo arte para darse cuenta que detrás hay un trabajo artístico en el que todos los elementos trabajan como una amalgama de plasticidad digna de un lienzo en movimiento de gran belleza.

El resultado estético de la chica danesa es obra de fotografía, iluminación, maquillaje y vestuario. Imposible no sentirnos identificados con nuestro trabajo. Tom Hooper, director de la película ha sabido rodearse de verdadero talento implicado en potenciar y realzar el argumento de la película.

Dos momentos estéticos

La película tiene dos momentos estéticos muy diferenciados: la vivienda del matrimonio en Copenague

Nutrida con tonos frío, sobrios y un trabajo de iluminación impecable muy especial, y cuando se trasladan a Paris. Allí aparecen los colores, y la pantalla se llena de tonos cálidos, con amarillos y marrones. Los materiales como los linos, lanas y algodones austeros que aparecen en Dinamarca, se pierden para dar la bienvenida a las gasas, terciopelos y brillos de Francia en pleno Art Nouveau. Un cambio cromático que también refleja un cambio emotivo argumental del filme. La capital francesa supone para ambos protagonistas un cambio en sus vidas y en sus estéticas y un avance en su libertad.

Las características de la moda de los años 20, su libertad y sus avances están plasmados perfectamente en los diseños de Paco Delgado, sin que desentonen nada dentro de esas arquitecturas tan maravillosas, como la Casa-Museo de Victor Horta en Bruselas, escogida como localización para ubicar la casa de París del marchante francés y amigo de la pareja.

 

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